Cómo gestionar proyectos y aprendizaje en contextos de cambio constante

Durante años, la conversación sobre gestión de proyectos se ha planteado como una dicotomía: o se trabaja de forma “tradicional” o se es “ágil”. Sin embargo, en la práctica, esta discusión ya no refleja los desafíos reales que enfrentan hoy las organizaciones.
La pregunta dejó de ser qué modelo usar y pasó a ser cómo tomar mejores decisiones en entornos inciertos. Se preguntan cómo entregar resultados a tiempo, con impacto real y adaptándose a un entorno que cambia constantemente.
Resumen
- El verdadero problema no es el método, es el enfoque
- Cuando planificar demasiado juega en contra
- La agilidad bien entendida
- El error más común: “hacer ágil” sin cambiar la mentalidad
- Un enfoque más realista: combinar planificación con adaptación
- Más que métodos, una decisión cultural
- El verdadero desafío
El verdadero problema no es el método, es el enfoque
Muchas organizaciones han incorporado nuevas metodologías, nombres y rituales. Hablan de sprints, iteraciones o retrospectivas. Pero, en el día a día, los proyectos siguen siendo rígidos, con decisiones que se toman tarde y soluciones que llegan desconectadas de las personas a las que van dirigidas.
Esto genera una falsa sensación de modernidad. Los proyectos avanzan, pero no necesariamente mejoran.
En formación y desarrollo de personas, esto se nota aún más. Los programas se diseñan con buena intención, pero terminan siendo largos, complejos y poco alineados con las necesidades reales del negocio o de los colaboradores.
Cuando planificar demasiado juega en contra
Los enfoques más tradicionales tienen una fortaleza clara: orden, claridad y control. Son especialmente útiles cuando el contexto es estable, el alcance está bien definido y el margen de error es bajo, por ejemplo, en programas de cumplimiento normativo o certificaciones obligatorias.
El riesgo aparece cuando se intenta aplicar este mismo enfoque a iniciativas que requieren adaptación, aprendizaje continuo y cercanía con las personas. Cuando todo se define demasiado pronto, se pierde la capacidad de ajustar en función del feedback, de los cambios del negocio o de nuevas prioridades estratégicas.
El resultado suele ser conocido: se cumple el plan, pero no siempre se logra el impacto esperado.
La agilidad bien entendida
Ser ágiles no significa aprender mientras avanzamos. En contextos como los que viven hoy muchas organizaciones en LATAM, la agilidad se traduce en:
- Diseñar soluciones en etapas cortas.
- Probar antes de escalar.
- Escuchar activamente a equipos, líderes y participantes.
- Ajustar rápidamente cuando algo no funciona.
En formación, esto implica dejar de pensar en programas cerrados y empezar a trabajar con pilotos, módulos, experiencias que se testean y se ajustan en función de resultados reales.
El error más común: “hacer ágil” sin cambiar la mentalidad
Muchas organizaciones adoptan prácticas “ágiles” en la forma, pero no en el fondo. Cambian los nombres de las reuniones, pero no la forma de decidir. Hablan de aprendizaje continuo, pero no crean espacios reales para probar, equivocarse y mejorar.
Cuando esto ocurre, la metodología deja de ser una herramienta y se convierte en una carga más.
Un enfoque más realista: combinar planificación con adaptación
La experiencia muestra que los mejores resultados no vienen de elegir un método, sino de combinarlos con criterio.
- Planificar lo esencial: objetivos, presupuesto, prioridades y límites.
- Diseñar y ejecutar con flexibilidad: probar, medir, aprender y ajustar.
Este enfoque permite mantener control sin perder capacidad de adaptación. Pero, sobre todo, requiere líderes que entiendan que no todo tiene que estar perfecto desde el inicio, y que el aprendizaje es parte del proceso.
Más que métodos, una decisión cultural
Al final, esta conversación no trata de Agile ni de Waterfall. Trata de cómo las organizaciones enfrentan la incertidumbre.
Algunas preguntas clave para reflexionar:
- ¿Estamos escuchando a las personas desde el inicio o solo al final?
- ¿Usamos el feedback como insumo para mejorar o como una molestia?
- ¿Valoramos más el aprendizaje y la evidencia o la apariencia de control?
Las organizaciones que logran responder bien a estas preguntas son las que desarrollan soluciones más relevantes, sostenibles y alineadas con su realidad.
El verdadero desafío
En un contexto marcado por la transformación digital, la evolución del trabajo y el avance de la inteligencia artificial, la capacidad de aprender, adaptarse y ajustar rápidamente se vuelve un diferencial estratégico.
No se trata de elegir un método. Se trata de liderar con criterio, flexibilidad y foco en impacto real.
Adaptado de: https://cegos-content-committee.notion.site/The-Great-Project-Debate-Agile-vs-Waterfall-2df97a47155780289c91f8f77cf549e0








